Y entonces para ella fue más fácil evitarle, alejarse y enojarse con cada intento que él hizo para despedirse... no le gustaba pensar que serían los últimos días a su lado, que en tan poco tiempo no los separarían unas cuantas paradas de tren sino un océano entero... y lo que hizo fue arruinar esos últimos días.
Nunca le gustaron las despedidas, siempre lo más fácil fue huir (pero también lo más cobarde)
estaba harta de que sus ojos la traicionaran cuando quería mostrarse fuerte, cuando quería aparentar que todo estaba bien, que no era más que un amor de verano que se alargó un par de meses, ni siquiera estaba segura de llamarle amor, pero tampoco sabía como llamarle.
Tal vez olvidó que existen muchas formas de amar, y que aquellas, las más fugaces, las más extrañas, las compartidas dejan huella irremediablemente.
Pues bien, le puso cariño (aunque en el fondo sentía mucho más) y con su característica caradura se marchó sin mirar atrás (aunque en el fondo esperaba que ese "cariño" le sacara la última rabieta yendo al aeropuerto a despedirse), cruzó el océano y al comprender la distancia, también comprendió el vació que dejó...
en sus brazos
en el reflejo de sus ojos
entre sus piernas
pero ya estaba hecho... la salida más fácil era la que traía consigo las peores consecuencias: Arrepentirse
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